Prometía espiar mensajes de WhatsApp, terminó presa

julio 23, 2013 § Deja un comentario

Acceder a la cuenta de quien se desee se convirtió en una tentación imposible de resistir para miles de usuarios que cayeron en una estafa. Con ella, un joven de 23 años ganó €40.000 en dos meses a través de una aplicación inexistente.

Con una “ilegal capacidad emprendedora”, el cerebro de la estafa, ahora detenido, ideó desde su casa en Murcia una estafa bastante simple pero “muy eficaz”, explicó a EFE José Rodríguez, inspector jefe del Grupo Seguridad Lógica de la Brigada de Investigaciones Tecnológicas (BIT) de la Policía Nacional.

Un gancho perfecto, la aplicación de mensajería instantánea para móviles más popular, y un no menos atractivo reclamo, interceptar conversaciones de otros gracias a otra supuesta aplicación, eran los ingredientes principales para hacer que la fórmula del engaño le diera al detenido buenos resultados.

Ahora, las víctimas tenían que picar el anzuelo, que el detenido encontró en las redes sociales, un “océano” de internautas, muchos de ellos seguramente dispuestos a espiar los mensajes privados de móviles de amigos, parejas, jefes en tiempo real y, además, totalmente gratis.

Para que su supuesta aplicación de espionaje tuviera credibilidad en el gran escaparate de una red social, el estafador no dudó en “robar” los perfiles de más de 11.000 usuarios a través de los cuales llegó a enviar más de ocho millones de mensajes publicitando tan revolucionaria herramienta.

Lo hizo creando una web en apariencia muy similar a la original, de forma que cuando los usuarios entraban a través de esta falsa dirección, le proporcionaban el nombre y contraseña de la cuenta que, ya robada, relata el inspector jefe de la Policía, era el medio para enviar mensajes masivos a la lista de contactos y dar difusión a la “novedosa” e inexistente herramienta.

El interesado en el anuncio de la aplicación tan solo tenía que seguir unas sencillas instrucciones en una web, que simulaba ser también la de la red social, y donde este usuario también le proporcionaba al detenido sus credenciales.

Desde esa página, el estafador dirigía al usuario a otra web donde, en teoría, bastaba con clickear el botón de descarga e introducir, advierte Rodríguez, su móvil a cambio de obtener un código que activaría la deseada aplicación.

Ahí la víctima caía en la trampa. Había picado en la estafa ya que cuando el internauta introducía su número lo que hacía era realmente suscribirse como titular de una línea de móvil a un servicio de mensajería Premium.

En definitiva, dice Rodríguez, abonarse al envío de una serie de mensajes cuyo coste oscila entre €1,45 y más de €7,20, de los que el detenido se reportaba buena parte de los beneficios por explotar ese servicio de mensajería.

Percatados del engaño y al descubrir que no existía ninguna aplicación, muchos de los estafados no han denunciado debido al escaso importe individual del fraude y a que de ser cierto lo que prometía el uso de la herramienta descargada sería un delito.

A pesar de la ausencia de denuncias de víctimas, los rumores de una aplicación que intervenía las comunicaciones de Whatsapp circulaban por internet, e incluso la red social donde se hackearon miles de cuentas llegó a consultar a la Policía sobre su existencia, que rápidamente comprobó que se trataba de un fraude.

Tras localizar y detener a su “ingeniero” en Murcia, los investigadores no descartan que junto a él hayan participado más personas en la comisión de la estafa, por lo que analizan la computadora y los cuatro discos duros intervenidos en su domicilio.

Ante la posibilidad de que surjan imitadores o engaños por internet similares, el inspector jefe de la BIT dice: “Nadie se debe descargar una aplicación anunciada como estrella que además promete la comisión de un delito. Si pese a esta recomendación, el usuario sigue en su empeño, la Policía recuerda que internet no solo es un nuevo escenario de fraudes sino que “también existe la letra pequeña”.

En este caso, si el internauta hubiera rastreado y leído bien la web hubiera sabido que al introducir su número de móvil autorizaba la suscripción al envío de mensajes, que fue lo que le costó la curiosidad de poder leer conversaciones privadas ajenas.

Fuente: Infobae

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